Sitio de Mora de Ebre 1289. Galbes d’Entença

Un altre escrit de l’apreciat cronista de la vila de Móra d’Ebre, publicat al programa de Festa Major de 1975.

Impresionan las palabras con que Zurita terminó el capítulo CXVII del libro IV de sus “Anales de la Corona de Aragón” “…y así se pusieron en armas todos los más principales ricos-homes y caballeros de Aragón y Cataluña, favoreciendo los unos a los Moncadas, y los otros a los de Entença”.

La villa de Mora de Ebro estaba en aquella época rodeada de murallas desde largo tiempo desaparecidas, por lo general eran las gruesas paredes que limitaban las viviendas de sus moradores; su trazo seguía las actuales calles Nueva, Santa Madrona, Gras y Julio Antonio.

A principios de agosto de 1289 el barón de Entenza, sus hijos y los hombres de armas de la población habían acudido con el rey Alfonso II a la campaña de Cerdaña contra el rey de Mallorca. Mora de Ebro y su castillo quedaban al mando de Galbes baronesa de Entenza. En aquella época Mora no llegaría a los mil habitantes integrados en tres comunidades: la cristiana, la hebraica y la musulmana, la más numerosa. Galbes, en aquellos momentos supremos, supo unir perfectamente a tres razas y tres credos en defensa de la población, integrada prácticamente por mujeres, ancianos y niños. 

Desde las atalayas del castillo impresionaría ver pasar a los ejércitos enemigos que se concentraban en el lugar templario de Benisanet. El 12 de agosto apareció Guillem de Moncada con 25 caballeros y 500 peones; el día 13 llegó Pedro de Moncada con 30 caballeros y 600 peones, unidos a los contingentes templarios, formaron un ejército verdaderamente impresionante para aquella época: 80 caballeros y 4.000 peones, mucho más teniendo en cuenta lo reducido de la población sitiada.

El sitio de Mora duró prácticamente desde el sábado 13 de agosto hasta ochos días antes de San Miguel; la vendimia reclamaba a los sitiadores a su puesto de origen.

Durante el período de un mes el asedio fue constante. Sobre la población los ataques fueron ininterrumpidos. Puignaucler, comendador templario de Ascó, dejaba su ballesta a cuantos querían disparar sobre la villa. Enemigo acérrimo de los Entenza, el comendador, viéndose seguro, diría a sus peones que arrasaban el término “Ara podets talar a vostra guisa”. Arden los pajares y las “sénias”, los fértiles campos y las ubérrimas huertas en una constante tala quedan reducidas a un erial. La desolación de la tierra y los frecuentes ataques no desaniman a Galbes ni a los morenses; un grupo de ellos, desde el “Colomer” de J. de Vilabertrán, con sus ballestas causan daños a los hombres de Moncada; quizá entonces cae herido de muerte Raimundo Martell (Salvat i Bové).

Sobre las nieladas armaduras de los caballeros flotan al aire el “Balça” del Temple, la bandera “dels Pans” de Moncada y numerosos “penons d’albergada” con los escudos de cada población, todas ellas unidas para vengar pasados agravios… “tentaron combatir a Mora: y no pudiendo entrarla por combate, hicieron grande daño en aquellos lugares…” (Zurita).

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