Mir Geribert “Princeps Olerdulae” inmolat a Móra d’Ebre l’any 1060

Un dels principals exponents “cronistics” era sens dubte Artur Cot i Miró que durant molts anys ens va oferir escrits sobre la història morenca als programes de festa major. Aquesta es la transcripció literal de l’escrit del programa de festa major de l’any 1960…

A los nueve siglos de una gesta gloriosa

Mir Geribert “Princeps Olerduale” inmolado en Mora de Ebro 1060 -1960

Poco menos que desconocido, merece ser divulgada y singularmente en este año centenario, la empresa heroica de uno de aquellos adalides de la vieja Cataluña condal, tesela hermosísima del mosaico de la patria hispánica, que en medio de tanto enemigo, de tanta turbulencia y de tanta ignorancia, surgía de los siglos medios en forma de su más bello florón.

El transcurso de los tiempos nubló su recuerdo y lo envolvió en áureas leyendas, los siglos adulteraron su nombre, más la paciencia y el amor de los consagrados a la historia lo levantaron de la postración y nos mostraron la figura nobilísima del que por una Mora de Ebro libre y cristiana dio la sangre y la vida, porqué nada más pudo dar.

Mirone firmó de su propio puño y letra en varios documentos, Mirone Geriberti le llamaron los escribanos de su época, Diago y Feliu de la Peña le nombran Miron Heriberto, Pujades en su “Crónica Universal del Principado de Cataluña” le menciona Miron Geribert; Flórez en su “España Sacra” le cita Mirón Geliberto, Bofarull le designa Mirón Heriberto, C. Candi y Rovira Virgili le apellidan Mir Geribert al vindicar en extensos estudios su figura gigante.

Turbulenta en exceso resultó la primera mitad del reinado de Ramón Berenguer I, “el Viejo”, su abuela Ermessindis, el obispo de Barcelona Guilabert, el vizconde Udalart Bernat colmaron de inquietud al soberano al reclamar derechos y mercedes; pero es la figura de Mir Geribert la más destacada en medio de la anarquía y de la pendencia que singuraliza a todo el medioevo y que tanto particularizó a aquel reinado.

Tuvo de cristiano el alma de creyente, por devoción y penitencia acudió en los últimos días de su vida a Santiago de Compostela; de audaz caballero, impulsivo y tenaz son prueba sus hechos; de cortesano y político ejemplos continuos su vida nos da.

Nieto de Borrell II, ignoramos la fecha de su nacimiento. Por razón de herencia fue el señor más poderoso de todo el Panadés, desde el Llobregat a ”terra de pagans”. En 1039 prestó juramento de fidelidad al soberano, más poco tiempo después se revela contra la autoridad real y se declara independiente como señor del antiguo “comitatum quem dicum Penitensem” recibiendo en tales circunstancias la ayuda de los musulmanes del valiato de Tortosa. Independiente ya, se titula “Princeps Olerdulae” gobernando como señor libre desde el castillo de Lavid.

Ramón Berenguer I que había triunfado fácilmente sobre los nobles levantiscos, no consiguió reducir a Mir Geribert. En 1044 nobles y prelados intentaron evitar la discordia, gran interés pusieron en ello, más su esfuerzo no se vio compensado ya que las cosas continuaron como antes. En el año 1050 estando el soberano en Camarasa recibe una comisión presidida por los hijos de Mir Geribert con intentos de solucionar pacíficamente aquella incisión que tanto afectaba a su reinado; de nuevo es notoria la buena voluntad de los comparecientes, más las gestiones no resuelven favorablemente el problema hasta el 1059; en tal año Mir Geribert doblega su altanería, sacrifica su amor propio y húmilmente reconoce al soberano como a tal; días después penitente y devoto con aquella fe robusta de su siglo acude a Santiago de Galicia como un peregrino más a postrarse ante el sepulcro del Apóstol de España y a alcanzar las gracias espirituales que su sacrificio y penitencial viaje le merecen.

Si Mir Geribert había sido sincero al reconocer como tal al soberano, si efectivamente deseaba su amistad, era harto difícil que consiguiera la confianza del monarca, que no podía dejar de ver en él, al noble arrogante y pendenciero. Mucho debía reflexionar Mir Geribert acerca de su situación; veinte años de rivalidad ni los borra un simple acto de renovada pleistecia, ni la jura y perjura de fidelidad, y el antigua “Princeps Olerdulae” reconocía que el amargo sabor de rebeldía no lo barraría más que un acto sublime y temerario, una empresa heroica; por eso estaba dispuesto a realizarla. La angustia del valiente guerrero ante el favor real perdido, sólo podía compararse a la de Gil Eanes –siglos después- doncel del príncipe navegante lusitano, que a despecho de su propia vida traspasaría la barrera del Caput finis Africae en 1443, liberándose de dura congoja y al mundo pre-renacentista del terrorífico misterio marino que describía Estrabon.

Bardos y trovadores, comerciantes y guerreros dieron a conocer en la Corte, que al sur de Cataluña, rodeada de imponentes montañas, junto a la plateada senda del Ebro existían ricas comarcas y florecientes poblaciones; en todas ellas dominaba la morisma y en sus inexpugnables castillos ondeaba a los vientos el verde estandarte de Mahoma, siempre amenazador y provocativo Mir Geribert antiguo aliado de los musulmanes, es probable que conociera aquellas tierras y que aprobaría por conocimiento directo las exultantes y mágicas descripciones que de las mismas oyera. Su conquista en una corte donde tan codiciadas eran, movería extraordinario interés, por eso el príncipe vio en una expedición militar a las mismas la fórmula con que cortar el nudo gordiano que atenazaba su alma, al entregar al Conde de Barcelona una hermosa presa digna del primero de los Berengueres.

Junto al Ebro, con un prestigio ya de siglos ganado, centro indiscutible de fértil y valiosa comarca; Mora de Ebro se convirtió en la presa de Mir Geribert; por que Mora de Ebro representaba mucho en aquel mundo medieval y el testimonio de numerosos cronistas y autores, no por cierto nativos, fueron su mejor alabanza.

Mir Geribert organizó de su propio pecunio un numeroso y brillante ejército para reconquistar la población de antemano señalada… brillante ejército se mueve por los llanos del Llobregat, terrible se presenta la empresa, algunos guerreros otorgan testamento antes de acudir a la campaña. Guadalt lo hace el 14 de julio, poco tiempo después del grueso de aquella mesnada libertadora se pone en marcha al mando directo de Mir Geribert y de su hijo Bernardo, sacerdote adscrito a la catedral de Barcelona, hacia la conquista e Mora y de su castillo.

Sólo las páginas reconfortantes de Ribadeneyra nos darían consuelo y lenitivo al conocer el resultado de aquella caballeresca empresa, los historiadores con rápida pincelada nos describen el terrible fin de la expedición: Mir Geribert, su hijo y todos sus hombres muertos por los musulmanes en tremenda lucha desigual al intentar conquistar la villa y castillo de Mora de Ebro en el verano de 1060.

A serias reflexiones se presta la figura de Mir Geribert en sus últimos días y en su gesta sublime; inmolado en nuestra tierra se convierte en razón de su sacrificio por tan alta causa en un mórense más. El torrente de sangre martirial que había brotado ya en las más remotas edades en defensa de la Religión y de la Patria, de los Altares y de los Hogares se convierte ahora con el holocausto del príncipe en un río copioso que luego será un mar que harán sublime a la historia y darán a Mora de Ebro honor y gloria inmortal.

Los hijos de Mora de Ebro, los hombres de bien, los que amamos fervientemente su ilustre pasado y anhelamos su próspero porvenir, no podemos olvidar la gesta sin par de aquel paladín del medioevo que por Mora de Ebro todo lo dio.

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